martes, 22 de enero de 2013

Bendición (Baudelaire)



Cuando, por un decreto de las potencias supremas,
El Poeta aparece en este mundo hastiado,
Su madre espantada y llena de blasfemias
Crispa sus puños hacia Dios, que de ella se apiada:

—"¡Ah! ¡no haber parido todo un nudo de víboras,
Antes que amamantar esta irrisión!
¡Maldita sea la noche de placeres efímeros
En que mi vientre concibió mi expiación!

Puesto que tú me has escogido entre todas las mujeres
Para ser el asco de mi triste marido,
Y como yo no puedo arrojar a las llamas,
Como una esquela de amor, este monstruo esmirriado,

¡Yo haré rebotar tu odio que me agobia
Sobre el instrumento maldito de tus perversidades,
Y he de retorcer tan bien este árbol miserable,
Que no podrán retoñar sus brotes apestados!"

Ella vuelve a tragar la espuma de su odio,
Y, no comprendiendo los designios eternos,
Ella misma prepara en el fondo de la Gehena
Las hogueras consagradas a los crímenes maternos.

Sin embargo, bajo la tutela invisible de un Ángel,
El Niño desheredado se embriaga de sol,
Y en todo cuanto bebe y en todo cuanto come,
Encuentra la ambrosía y el néctar bermejo.

El juega con el viento, conversa con la nube,
Y se embriaga cantando el camino de la cruz;
Y el Espíritu que le sigue en su peregrinaje
Llora al verle alegre cual pájaro de los bosques.

Todos aquellos que él quiere lo observan con temor,
O bien, enardeciéndose con su tranquilidad,
Buscan al que sabrá arrancarle una queja,
Y hacen sobre El el ensayo de su ferocidad.

En el pan y el vino destinados a su boca
Mezclan la ceniza con los impuros escupitajos;
Con hipocresía arrojan lo que él toca,
Y se acusan de haber puesto sus pies sobre sus pasos.

Su mujer va clamando en las plazas públicas:
"Puesto que él me encuentra bastante bella para adorarme,
Yo desempeñaré el cometido de los ídolos antiguos,
Y como ellos yo quiero hacerme redorar;

¡Y me embriagaré de nardo, de incienso, de mirra,
De genuflexiones, de viandas y de vinos,
Para saber si yo puedo de un corazón que me admira
Usurpar riendo los homenajes divinos!

Y, cuando me hastíe de estas farsas impías,
Posaré sobre él mi frágil y fuerte mano;
Y mis uñas, parecidas a garras de arpías,
Sabrán hasta su corazón abrirse un camino.

Como un pájaro muy joven que tiembla y que palpita,
Yo arrancaré ese corazón enrojecido de su seno,
Y, para saciar mi bestia favorita,
Yo se lo arrojaré al suelo con desdén!"

Hacia el Cielo, donde su mirada alcanza un trono espléndido,
El Poeta sereno eleva sus brazos piadosos,
Y los amplios destellos de su espíritu lúcido
Le ocultan el aspecto de los pueblos furiosos:

—"Bendito seas, mi Dios, que dais el sufrimiento
Como divino remedio a nuestras impurezas
Y cual la mejor y la más pura esencia
Que prepara los fuertes para las santas voluptuosidades!

Yo sé que reservarás un lugar para el Poeta
En las filas bienaventuradas de las Santas Legiones,
Y que lo invitarás para la eterna fiesta
De los Tronos, de las Virtudes, de las Dominaciones.

Yo sé que el dolor es la nobleza única
Donde no morderán jamás la tierra y los infiernos,
Y que es menester para trenzar mi corona mística
Imponer todos los tiempos y todos los universos.

Pero las joyas perdidas de la antigua Palmira,
Los metales desconocidos, las perlas del mar,
Por vuestra mano engastados, no serían suficientes
Para esa hermosa Diadema resplandeciente y diáfana;

Porque no será hecho más que de pura luz,
Tomada en el hogar santo de los rayos primitivos,
Y del que los ojos mortales, en su esplendor entero,
No son sino espejos oscurecidos y dolientes!"

martes, 8 de enero de 2013

El pecado de ser yo


Es difícil encontrar las palabras correctas para expresar este tipo de sentimientos, sentimientos que la mayoría del tiempo son mostrados a través de lágrimas que en la ausencia de la razón y el afecto de los demás se secan.
Nuestra cabeza puede dar mil vueltas y nos podemos marear hasta desfallecer pero la realidad sólo es una, y tal vez no es la mejor o la que todos queremos tomar, pero así es y es nuestra. ¿Se puede cambiar? Sí. ¿Será difícil? Es claro.
Se torna algo cursi decirlo pero no conozco otra manera “Es difícil seguir al corazón”, “Es difícil ser yo”, “Es difícil mantener la frente en lo alto mientras hemos sido pisoteados por muchas y muchos” Sí, es difícil y no diré que no es imposible pero esto sólo es una posibilidad; la circunstancia la define la persona.
Se ha convertido en un pecado ser fieles a nosotros mismos, nuestros ideales, nuestros sentimientos revolucionarios hemos sido callados por el silencio, por la política, por la ética –que siempre no es céntrico moral-, la religión, nosotros mismos, en fin, las cadenas son muchas y pesadas.
¿Cómo decir adiós a todo complejo? ¿Cómo hacerlo? En momentos como esos en los que nos han fallado, en los que hemos sido infieles a nadie más que a nosotros mismos, cuando la almohada se empapa de una lluvia de llanto y sollozos que parecen interminables, cuando… cuando piensas que tal vez ese fue el final y que has cometido el pecado más mortal, el que no tiene perdón, el que ninguna religión puede ocultar o de tachar; ese que te hace a ti lo que eres o lo que tratas de esconder. Tú.
Es algo tan trivial, que causa nauseas tratar de encasillarlo o explicarlo con palabras, tratar de no perderse en el intento de erguir el camino. Pero no es tan malo afrontarlo, levantarnos aún con todo el dolor que podamos aguantar y hasta el que no, cometer el pecado de ser yo, de ser tú; de ser alguien que camina con la frente en alto, que camina vestido o vestida como quiere, que ame a quien quiera, que cometa errores, que los remiende, que caiga y caiga pero que se levante, que sea quien deba ser, quien piense que deba ser.

Estaban


Musas a su lado, caían por la sangre color carbón, tendidas en las sabanas de papel, enfermas agonizando a su alrededor; aquellos, de bucaneros en los nimbos y los faros de oro, yacían en los valles del recuerdo sufriendo el olvido y la amnesia, por las ásperas caricias de las miríadas de personas molestas por su mirar del cosmos vacío, con sus mascaras de mala suerte las cuales le daban elegancia a su atuendo lúgubre, artistas ignorados, mudos por las maldiciones de los muertos ilusos, cantando aversiones, ofendiendo a la luna, atormentando a los mares. Pronto… cuando Diana despierte de su largo sueño y haya bajado de las doce lunas de la noche, florecerá la rosa, mi flor, los pétalos del plectro… el mal; entonaba su discurso en la cornisa de sus pesadillas, sentados en aquellos collados siendo él un sonámbulo que conversa en el interior del sueño con sus aliadas, pesadillas cuando alguien en aquel momento pagaba, muriendo, explotando su alma, delirando.

Todos los días, cuando conversaba con la mendiga pelirroja llenaba su rostro de simpático horror, la enamoraba con su pincel y al hacerla dormir al citarle sus poemas la arropaba con sus letras, drogándose de su alma, cual líquido embriagante, perfume de mujer, él lloraba porque su mendiga había muerto como todas sus musas escritas.
Un seis puesto al revés de la primera juventud del año en olvido, su odio acrecentaba hacia todos, los de su sangre y los de sus letras, sin aquel mal deseado se sentía vacío, cual bajel sin remos; en los salones dormía rodeado de arte perdida en las vueltas de las estrella central, cual la muerte de los amantes, de los pobres, de los artistas.

Delfina caminaba de la mano junto a Hipólita por las gargantas de Francia; las dos en aquel instante eran cobijadas por el manto índigo del día, rogaban cual vírgenes al cielo por la tempestad en sus cuerpos férvidos llenos de ímpetu, Charles las erigía y las excitaba con su pluma rozando cada fibra de sus seres cual de diosas malditas, así como aquella mendiga, ellas morían al ceso de su escriba, vivían instantes efímeros pero sus moldes de mujer vivían por siempre en el mal. 

La aurora, dibujaba en su lienzo a la musa macabra de los sueños de Charles, y sus ojos de monstruo, los cuales no podía despreciar, su niña perdida, y él en sus vista armoniosa donde, detrás del montón de sombras soporíferas, centellean vagamente tesoros ignorados, los fuegos son estos pensamientos de amor, mezclados de Fe, que relumbran en el fondo, epicúreos o inmaculados.

Berta Oh morirás Berta como todas morirás le decían la musa enferma junto con Delfina e Hipólita desde el infierno del libro prohibido. Cayó en la depresión Berta sus ojos caídos lloraban sangre y creó la fuente carmesí, en un lugar de la nada en su prosa.
Ella quería ser diferente, quería vivir, quería matar a Baudelaire. Ella aparecía en sus sueños, en los sueños de Baudelaire, le servía en copas las gotas de su muerte  mientras estaban, junto a la absenta, su vino celestial.


Después de varias copas y de hacer el amor con su pluma y Berta, decidió dormir, decisión casi inconsciente, Berta aprovechó y empezó a escribir sueños en su mente lo que lo llevó a la psicosis en aquel momento, Charles en sus sueños mortales veía sirenas en las nubes bailando con sus piernas, siendo cortadas por el viento y su marítima sangre convertida en vino de los dioses errantes del infierno terrestre, las musas enfermaban y el artista ignorado en su rostro yacía el recuerdo.
Berta le cantaba una canción en la tarde, con la sonrisa malévola de una asesina, la música sonaba y sonaba Charles cantaba y cantaba moría cantando en el regazo de aquella su creación, el sueño que en él posaba duró segundos, minutos, horas, días sus años.
En cada momento se drogaba mas, se excitaba más; era dueño de mil diosas, de dioses de plumas que escribían por sí solas, era el Rey Maldito que poco a su reinado acrecentaba mientras él moría.
El reloj tic tac tic tac y los santos cansados de sus fútiles resonares aclamaban cansados dulces malditos, mártires reniegos, Berta era la única de todas que aún seguía viva que aún complacía a su amo, lo acariciaba y sus gotas de sudor sumergidos en lujuria y pasión la hacia mujer en vida más que la venenosa tinta, negra
Baudelaire le escribía a su querida musa, a la muy bella, a la que es muy alegre; que pasa entre los aullidos de su luto en carbón; caía en la alegoría de sus ojos, él… caía en su éxtasis, su droga, ella Berta… estaban juntos al lado de la absenta… estaban… estaban. Él la amaba, ella no, quería verlo muerto, caer en el petróleo de sus árboles lentamente para que pudiese vivir.
Lo drogaba una y otra vez Charles caía en un sueño y una psicosis que lo inspiraba y soñaba preguntándose qué haría su alma pobre y solitaria esa noche o ese día, moría escribiendo acariciando gatos, y dando tristeza a mi suave madrigal.
Pasó como siempre el tiempo en los sueños de ella, en los sueños de él, en su recamara acariciaba a Berta con su pluma y su tinta color pulpo llenándola de placer y odio hacia él, la embarazó… el sol quiso dar dos vueltas y nacieron, no bebes nada más lo más lógico para Baudelaire… Nacieron de Berta pequeñas hadas verdes, iguales a ella con sus ojos penetrantes y sus alas hilarantes perdidas.
Cuando nacieron aquellas y aquellos cualquiera que haya sido su dios, enfermó cayó en sus dolencias, y al primer hablar de sus alas murió.
Charles se dio cuenta que su apreciada creación lo quería ver muerto, y logró hacer algo para cambiar el orden de la historia…
La durmió con sus líricas maldiciones junto con sus hijas


Cripta


Yacía aquel pensando, soñando, sintiendo…
¿Morí? ¿Caí por el abismo de mi locura? ¿La lujuria de mi desesperanza a donde me ha llevado?
La amnesia de mi cuerpo era mayor que la de mi imaginación, todo pasó tan rápido ¿En dónde estoy? ¿Quién soy?... me preguntaba

-Caí de mi lecho, no sabía si todo había sido un sueño, una pesadilla o un deseo anhelado, ensuciado por el remordimiento de mi conciencia.
Oí una voz a lo lejos gritando desgarradoramente mi nombre  y decía:
- ¡Stephan! ¡Stephan! ¡Stephan Blakemore!

Camino sin saber hacia dónde voy, llegan recuerdos a mi mente, memorias de mi padre. ¡Me duele tanto la cabeza!
Todo da vueltas, oigo patéticos gritos en lo níveo de mi mente.

El gran Sr. Blakemore ha muerto… mi padre.
Quedé huérfano.
-Debería morir también. Pensé
Caí en la psicosis por mucho tiempo, ¡Que patético soy! Murió mi padre y parte de mí se fue con él… el acta de mi independencia quedó hecha cenizas, mi libertador murió.

Una noche hablando con su tumba le decía en suaves susurros:
-Pasaron dos años desde tu muerte, mi padre, aquel que fue cruel conmigo aquel que laceraba mi cuerpo, aquel que era mi dueño, aquel padre que amé ¡El envidiable Sr. Blakemore!

Mi habitación era mi manicomio, escribía y escribía, en el viento, en papel, en mi cuerpo.

Mi último escrito era una carta dirigida a mi padre:
Te escribo esta carta para que me recuerdes, en ella pongo todo lo que he vivido en estos últimos inviernos, solo te escribo trivialidades, espero me respondas, solo dime ¿A quién se la doy para que te la entregue, dime? El correo no la acepta. No sé por qué.
Creo que a mi mente ha llegado la demencia junto con, la profunda soledad de mi habitación vacía, el cansancio ha sido tanto que no ya no sé, no sé, ¡Qué terrible es no saber! ¡Oh Shakespeare! ¡Vivir o no hacerlo, he ahí el dilema!
¿Qué o quién me podrá curar? ¡Dime! Gran Sr. Blakemore. ¡Dime!

Me quedé dormido escribiendo, (como siempre) entre la lluvia de mis lagrimas, el alcohol y las drogas del aroma de mis agridulces letras esparcidas en el papel y en la venas de mi sangre.
Al día siguiente, desperté debía salir a la biblioteca, mi único refugio después de mi habitación donde no era encasillado como un maniático y no sentía la respiración de los demás; camine, camine y camine, estaba muy cerca ya de mi destino...

De pronto morí.
La vi entrar. Mi respiración huyó de mis pulmones, robo de los cajones de mi cuerpo, mi corazón. Caminaba ella, el viento era su esclavo y al parecer también yo; una dama de época, con una lozana hermosura griega, tan elegante como lo escarlata de la sangre al cristalizarse. Sus ojos negros profundo que me esquivaban; eran dos cruces negras en mi calvario, su cuerpo, su cuerpo ¡Dios! ¡Su cuerpo, excitada mi hombría bárbara por sus curvas, la experiencia de su edad se cabello, su rostro, sus labios  ¡Ella!
¿Era correcto sentir aquello? ¡Qué más da! No había sentido nada hace dos años, aparte de mi locura y la dulce soledad. En aquel momento que había despertado de mi largo sueño.
Hice una oración a mi padre:
-Oh padre, las cadenas de tu osada tumba hoy se rompieron, les digo adiós como tú me dijiste en mis sueños, ¡Perdóname! Pero mi corazón hoy volvió a latir.

Después de aquello, mi razón de vivir era hacerla mía.
¿Pero cómo? Me sentía humano por primera vez, no sabía qué hacer, era cual venado y sus primeros pasos.
La perdí por un momento y morí, ¡La encontré!  Poseía la misma belleza o más, no lo sé.
Traté de hacer algo para llamar su atención pero fue imposible.
Pasaron tres semanas, desde que la había visto; cada día ansiaba más y más verla, de pronto llegó un día en que sin saber el porqué, me habló. Yo le hablé.
Después de tanto supe su nombre, del cual también me enamoré: Camille Jussiè.
Ella se hizo mi amiga, y yo, su amante en silencio.
Un día de enero, pasados ya, un año y medio desde que nos conocimos, ella me hablaba.
Una vez con gran vivacidad me dijo:
-Fui de las mujeres más dichosas que han habido en el mundo. Citaba sus propias palabras con un aire de melancolía indescriptible, que rodeaba su tez perfectamente esculpida por los dioses.
-Lo fui, porque encontré el amor. No hay mayor dicha que el amor, más que la riqueza, el poder… hasta la misma belleza.
Mi rostro palideció de pronto, al oír la palabra: Amor. La daga de sus palabras había entrado a mi pecho. Dolió pero no lo demostré, y deje que siguiera su relato.
-En mi juventud conocí a un hombre meritorio, alguien que me amó, como yo a él, me hizo sentir mujer, hizo sentirme una diosa. Alguien que me rompió el corazón, pero no me importo, porque lo amaba.
¿Lo amaba? Pensé. Interrumpiéndola en mi mente maldita impetuosa.
La sangre regreso a mi rostro de nuevo, satisfechamente deduje  que ya no lo amaba, que había muerto, no lo sé, y egoístamente le pregunte:
-¿Qué había sido de él?
Camille sollozó en silencio, pero lo noté.
Dijo con suma tristeza:
-Él me engañó. Hizo muchas cosas malas pero eso ¡Eso! era lo único que no le podía perdonar, calló por un momento, hubo un silencio incómodo para los dos.
 Camille recordaba sin querer aquel pasado que le dejó cicatrices por todo el cuerpo y yo sólo sufría por mi amada acallada, al verla en esa posición.
No contestó mi pregunta, pero respeté su dolor.
-No quiero poner el dedo en tu cicatriz. Le dije.
Recobrando su estabilidad dijo:
-No te preocupes Stephan, está bien. 
-Pero ¿Con quién te engaño?
-Él me engaño con… mi media hermana: Charlotte, tartamudeó al decir su nombre… Charlotte Evans.
Charlotte, una mujer tan bella como las musas que danzan y cantan en el Olimpo, pero cruel y despiadada cual Perséfone, Hades. Su corazón maldito, me destruyó a mí y a mi felicidad.
Supongo que a él, mi amado le gustaban más las espinas que las rosas.
-¿Cómo descubriste su engaño?
-Lo encontré con ella, un jueves  de otoño ¡Oh como olvidarlo! estaban en la cornisa de mi  propio hogar. Él la besaba con la pasión y cual pelea lúdica, golpe al golpe, engaño. Cada gota de su impúdico sudor era una lágrima en mi rostro; cada beso, cada roce, cada golpe.
Caí en el hueco de mi mal, en los segundos, en los minutos en que los vi. Los dos me vieron, las lágrimas en mi rostro caían al apreciar a aquel cuadro de desgracia e impureza.
-Trataron de explicar las cosas, pero no había nada que explicar.
-Aquel día fue el último en que los vi a los dos.

Al terminar de decir aquellas tristes palabras cayó en un llanto profundo.
Era de noche esa vez, debía irme, habían pasado unas horas y ella ya se encontraba mejor.
Al despedirme robé sus labios, la besé. Un beso en la boca, con la pasión que nunca había sentido, no se opuso ante aquel robo, besé su cuello, sus mejillas color rosa, sus pechos, su alma. Al siguiente día la busque, pero  no estaba. Pensé que no se sentía bien por lo de anoche, pero aún así no me arrepentí de haberlo hecho.
Pasó un día, pasó otro… pasó un mes y no supe de ella, un día la encontré en la plaza de la Ciudad vieja, trató de evadirme, pero corrí hacía ella, me abrazó fuertemente y lloró en mi pecho. Sequé sus lágrimas y le pregunte:
-¿Por qué lloras? ¿Por qué me evades? ¿Por qué….? Me Interrumpió
-Lo Siento. Me dijo. No sé porque lo hice, esto está mal, no puede pasar, eres un joven, tengo el doble de tu edad y no puedo con ello.
-No dije ninguna palabra, se había roto mi corazón… de nuevo.
-Me fui.
Dos meses después, seguía con mi vida, mis libros… mis sentimientos hacia Camille, mi locura.

Ella había muerto como mi padre.
Ese mismo día ella inesperadamente llegó a mi casa después de mucho. Me dijo tantas cosas que ya no recuerdo.
Cuando ya se iba a ir, la detuve y le dije:
-Termina de contarme aquella historia, tu historia.
-Está bien. Me dijo.
La dejé entrar y empezó. El inicio de mi fin.
-¿Qué pasó con aquel, tu amado?
-No lo sé, ni siquiera sé qué pasó con mi hermana Charlotte, lo más seguro es que se quedaron viviendo juntos y formaron la familia que nunca pudimos tener él y yo.
-Al descubrir su engaño, yo estaba embarazada. Él no lo sabía. Esa parte de él, aunque me haya hecho sufrir siempre iba a vivir conmigo. Decidí callar, mi rencor fue mayor que el amor que sentía.
Mi indiferencia siguió estable, e ignore su estado, solamente la oía.
La última pregunta que le hice… más que romperme el corazón, rompió mi cordura.
-¿Cómo se llamaba, aquel que rompió tu corazón? Me has dicho tanto de él, y siento que sé todo de él; menos su nombre.
Ella no sabía si responder, pero lo hizo por mí. Lo sé.
-Él se llamaba… Darren Blakemore.
¡Mi padre! Pensé.
Mil cosas pasaron por mi cabeza, todo se volvió gris, mi mente me engaño o me dijo la verdad… no lo sé.
Sí ella había quedado embarazada, eso quería decir que yo…
En eso una voz horripilante me dijo:
-Soy su hijo.
Mi corazón se detuvo, lo habrá notado, no me importa. Salí de mi casa corriendo como nunca lo había hecho, ella quedo atónita, no supo que pasó.
En cambio yo sabía exactamente qué pasaba, me sentía indecente, culpable.
Llegue a el edificio más alto de la ciudad, subí con prisa a la azotea no lo pensé dos veces y…

Tres meses después un oficial de policía interrogaba a Camille, no sé porque, yo dormía.
Le preguntaba el oficial:
Usted fue la última persona en verlo ¿Qué pasó? ¿Qué le hizo?
-Ella llorando no supo que decir. Solo salieron estas palabras de su boca:
-Le contaba una historia cual madre a su hijo…
-¿Qué le contaba?
Le narraba mi historia, mi vida, justo antes de que se fuera le dije que hace 20 años había quedado embarazada de un hombre, Darren Blakemore, pero le afectó demasiado no sé porque, no pude decirle que había perdido al bebé a los tres mese de embarazo por mi dolor…

Desde mi tumba lloré por el agridulce aroma de sus palabras, pero por fin estaba con mi padre.
En mi cripta, en el Hipogeo de Stephan Blakemore.

Cielo carmesí


Diversas mentes han pensado en crear vidas, universos; escribir magnos libros, poemarios, letras en sintaxis desmedido. Pero ¿cuál fue su inspiración u origen?, el sentimiento,que  los llevo a la sabiduría o a la locura, ¿en dónde está?
Rimar desnudas palabras. Dicen ser oscuros, tristes y sin emoción, dicen  ser almas sin cuerpo, dicen ser… ellos, cualquiera.
Dicen ser luz, pero hay un vacío, ¿quién entiende? Nadie.
Llegan a creerse malditos pero es solo una sombra en la realidad, ninguna persona es tan cuerda para no crear y ninguna persona es tan demente para destruir, o eso pienso.
¡Falsedad! que eso quede para una barata novela donde impera el drama. En los versosgobierna el arte bohemia, laodisea, la teatralidad, escritores de vida, pintoresde grandes lienzos, cuales sacrificadores de propios respiros para saciar almas sin guía que no necesitan más que place rico, nuestra letras, escritos.
Poseemosarmaduras y las derrochamos, tenemos vida, y no la vivimos… tenemos. TENEMOS PALABRA, TENEMOS VOZ.
“He vivido mucho tiempo bajo amplias galerías de arte sin deseo, que los soles navalespintaban con mil ímpetus, y que sus magnas columnas, hacían que en la confusión, parecieran grutas vacías.
Las olas, arrollando los azulejos del cielo, mi mente y razón mezclaban de manera solemne y extática los soberanos acordes de su exquisita melodía a las banderas del ocaso irradiadas por mis ojos”. La poesía no habrá cantado en vano…

“Para un poeta que vive en la nada, en el mundo. Tan fuera de los límites de pensamiento”.
Chace Poète, era como cualquier otra persona, pero mas que eso era de esos poetas incomprendidos con todos los placeres a su merced pero que no lo satisfacían, y lo sumergían en el tedio, sin comparación a sus literaturas surrealistas. Al estar hastiado de emociones sin sentido ni razón, su cerebro literario trata de buscar y crear nuevas impresiones, y en el oscuro amanecer de su respiro distingue algo más que vana palabrería: su ser, él mismo. Tiene diversossemblantes de su vida discoloros, la vida no es la misma, en su naturalezarecorrieron y yacieron muchas personas que ayudarona concebir su conocimiento, el cual ni el mismo entendía, pero sin camino su misma razón lo llevaría sin sentido a otro lugar.
Entre sus nirvanas figuraalguien bastante peculiar, alguien que no se vetodos los días.
Azel Ivory, se llamaba la personaque cambiaría los versos de Chace, su vida; alguien tan inverosímil y profundo como las honduras del océano en su inmensidad.Un ser, él, nada más.
La vida de Ivory se resume en pocas palabras, su respirar y su caminar.

Chace lo conoció hace un par de añosa simple interpretación de escena, no vale la pena aclarar,pero la fría simpatía que exudaba aquel personaje, ese algo en él, que llamo la atención de Poète, fueron la llave, el “sí” casi una confirmación para entrar al opúsculonevado de Chace.

Al pasar cada estación del tiempo, en un solo tic tac se conocieron, en santiamenes vacíos sin palabras, ni elogios, ambos complejos pero entendidos, aquellos.Al instante de conocerse sus almas charlaron como grandes amigos, las simples letras, palabras sobraron.En aquel momento  todo se redujo a un día de junio no recuerdo lluvia tampoco sol, de un año no muy lejano en el que se encontraban en un monte, soñando despiertos, entre la creación de Huidobro cual surrealismo eclesiástico en la inmensidad; Azel levanto su mirada y dirigiendo a Chace sus profundos y negros ojos con su tez al vientodijo: conmigo serás interior a ti y a tu energía…
Hubo un largo momento de silencio poco después de aquello,al pasar ese momento en la que volaron aquellas indescriptibles palabras Ivory se marchó sin razón alguna.Chace pensó ¿energía? ¿Interior a mí?

Las palabras de Azel martillaban día y noche en su cabeza a Chace, y sus razonamientos no servían por sí solo no lo podía responder, la mirada vacía de Azel en instantes eternos de silencio confesó; y dijo todo lo que tenía que saber de sí mismo, y lo que lo rodeaba.

Para Chace su relación fue tan confusa que no supo el día en que lo ignoto ante él murió o su amistad con aquel inicio o cuando ceso.Todo paso veloz y en calma, a la vez en paz hubo momentos en el que los dos se perdían, eran como el óleo y el rocío pero en cortos tropiezos de tiempo eran como la luna y su reflejo.
Las ausentes charlas abrían a Chace, empezaba a mostrarse tal cual era, sin darse cuenta a veces parecía el mismo pero dentro de sí, sus pulsaciones eran distintas.
Ivory lo notó.Sabía que su despedida estaba cerca, debía ser como siempre; marcharse sin razón, desvaneciéndose a otro lugar.

Todo había terminado.No porque todo marchara bien con Chace, nunca fue así. Sino porque ahora podía marchar solo, llego un momento en el que su pensamiento y su mirada dijeron “adiós” y de la nada, sin sentido alguno ni razón, desapareció, como debía. Se había ido.A Chace llegaron pensamientos de aquel, las preguntas que nunca respondió, su misterio.

Siguió pensando lo mismo de siempre: “Las personas fluyen como el agua van y vienenquienes se detienen son tus “amigos” o familiares”.Azel en aquel momento había fluido y Chaceno iba a ser la roca de aquel río que lo detendría. En su mente solo se cruzó un pensamiento acerca de aquel: nunca hablamos de algo más que no fuese de mí.
Llego a sentirse algo culpable y egoísta pero ese pensamiento pasó, en su mente siguió trascendiendo pero de mil maneras distintas, nunca pudo descubrir que había más allá de su oscuro semblante y su alegre sonrisa, se conocían pero se comportaban como desconocidos comprendió que al no conocerse a si mismo no podía conocer a nadie más, por más tiempo que hayan pasado juntos, fue imposible ver más allá de su nariz, más allá. Recordaba que los dos tomaban otro tipo de personalidad al hablar, era casi relajante, aquella brisa en los susurros del viento y las paredes, con ellos hablando, todo se olvidaba hasta su identidad, la desnudez era sinónimo de pureza y sus pensamientos rodeaban a la noche en sus sueños sin y con Él.

Azel yacía en un lugar inolvidable e indescriptible y meditaba sobre su vida,a lo largo de su ella tuvo dificultades pero en la historia de nuestro ayer quien no las tiene, quien no las tuvo,sus dificultades eran distintas, intangibles eran mentales,está de más decir que poseía locura y paradójicamente sagaz pero no tan lejos de la realidad,  porque no ayudar a las personas que han pasado por lo mismo, alimentar su manía o curarla, él era o es, no lo sé alguien tan sofista y siempre a la oposición, era un todo y lo puedo aceptar, qué más da nadie ve y nadie piensa que todos somos así, unos en mayor cantidad que otros pero no quiero resguardar a nadie, todo era oscuridad cuando aquellas personas hablaban Chace una persona cerrada y reprimida se abría ante aquel pensador, era asombroso, todo paso tan vertiginosamente que no se dieron cuenta o por lo menos para él, Azel al observar a Poète pensaba que era interesante que un literato sin sentido tuviera toda esa inspiración cerrada, todo un mundo diferente a los diferentes mundo. En la vida se da una paradoja, bien es cierto que todos somos una rama de la diversidad, algo igual, un espejo roto cual retrato sin reflejo.
A él le interesaba mucho ese “asunto”.

Los temas de su conversación eran tantos, abarcaban el sexo cual pasión sin medida ni roce, amar, la depresión, el pánico, la alegría y los aptitudes que poco a poco Poète, descubrió y exploto.Aquellos momentos de silencio dijeron más que sus labios; era el viento que murmuraba las sumisas frases al recordar todo lo que pasaron, lo tomo como un amigo, su primer amigo, alguien real, no era un verso, respiraba casi sin sentido pero lo hacía. Aquello fue un gran error para Chace, pero la razón no manda el alma, pero el alma si al conocimiento.
Se fue y sus huellas la lluvia carmesí se llevó…
La ausencia de Azel era notoria pero, no necesaria todo había cambiado ya, Poète “aquellos días había muerto un poco pero no lo suficiente” para dejar de respirar.

Pasó el tiempo, los años como días ausentes sin horario, su percepción prosperaba y la naturaleza del mundo con él recorría en sus pasos, mil pasiones en su corazón vacío pasaron de lejos sin ninguno llegarlo a tocar. En la brisa de las mañanas de Enero recordaba sutilmente a Ivory, sin desvelo ni asombro solo un recuerdo más en su razón. Todo seguía constante, Vivian, morían y más, nada nuevo.
Chace solo tuvo un amor en toda su vida aparte de los versos quien llego antes de conocer a Ivory pero que permanecía en su pensamiento cual lección aprendida; por el cual lloraba,sufría y le daba una razón para vivir, alguien tan absurdo como tocar el cielo pero tan puro y desleal, que creía maldito casi un pecado mortal. Sus lágrimas caían, rodaban en lo profundo de su ser marchito por su anhelo vagante.
Recuerda el rostro de aquel amor en lluvia escarlata, como la nívea luna que cada noche lo abrazaba y le deseaba dulces sueños, cual pureza de un infante perdido llorando sin consuelo, amor.
Aquella persona poseía la “risa” que cautivaba el alma cosquillosa de Poète y lo sumergía en la ilusión desmedida, dicha persona cual fénix renacía cada mañana, cada atardecer en su mente en su cuerpo.Y moría en el silencio de la noche por su espacios ausentes en su bordado corazón… tan cerca queridos, y tan lejos amor.

Ese amor una vez fue, en sus sueños es, y  en la ausencia siempre será…
Un día en el que amaneció después de tener pesadillas con su amor errante, lágrimas en los ojos y con su corazón hecho pedazosy dijo: “¡Basta! con una sonrisa tan punzante como su mismo dolor, ¡Basta! repitió, pensando en el cielo carmesí, su amor. Te amo, y te amaré, hasta que mi mente tu recuerdo olvide y desvanezca; no puedo seguir así,destrozando el brío de mi alma bendita, mi tiempo esfumado en las olas de mi puerto de anhelos sin devaneo, te amo y te amare hasta que muera un lunes o un jueves,en medio del sol o deldiluvio porque, te amo y te amare porque en ti y en mí solo existe un sí, un no, solo existe un tal vez.

Paso lo inevitable; tiempo sereno, tiempo apacible su ser sentía vacío, su ser sentía muerte, aquel, su pedazo de cielo aún en su alma y cuerpo, latente permanecía obligando la aceptación negada con una afirmación sin aclarar… caminaba en un bosque sin sentido recordando lo que no ocurrió entre aquellos dos jóvenes que jugaban al atardecer y sin darse cuenta se enamoraban sin sentir, se perdía en conversaciones no dichas hablando con su soledad y la brisa del viento.

Nunca olvido a su noesis, Desiré, quien había hurtado su aliento sin intención en su juventud, con sonrisas y nobles miradas que le rompían el corazón, porque cada una de ellas de decía y le hacía saber que era imposible, su unión maldita, la observada desde el cielo; permanecía en su ventana ella, venus, su cuerpo, su tez, ella su sonrisa su significado de mujer, ella.
Su insomnio por tal musa, sin palabras ni versos lo dejaba en sus recuerdos de julio, época en la que se amaban en silencio, en la que se unían rompiendo, los prejuicios de los demás.
El tiempo corría lento y seguro, su ilusión acreciente y su adiós venidero, allegaban a su mente Poète, debía suceder… lagrimas caídas.

Así como todos en la vida de Chace se esfumaban, desaparecían. Chace lo lamentaba y su interior crujía. Desiré no sería la excepción. Su tez se alejaba del camino en París donde la conoció, en los puentes su ausencia inerte llenaba, las torres y las obras de arte, sus poemas perdieron a su cisne asfixiado en el lago de Baudelaire. Ella se fue, y no regreso jamás, no se fue sola, eso hirió más.Huyó con alguien, y Chace sabía quién era, quien fue aquel marino desdichado que su lírica sirena rapto; Darren Hatred, quien tomaría el corazón y el vino de Poète y diría lo no dicho en su poemario níveo maligno; lo perdido, sin saber por qué.No hubo un adiós, despedida, solo su recuerdo inolvidable que su mente marchita en los pétalos del Casanova llamado Vida.
Nunca supo y nunca sabrá que pasó, no quiere saber qué pasó entre Darren y Desiré, su corazón había quedado anestesiado permanentemente, sus latidos eran lentos y sin ritmo, no podía odiar a Darren mucho menos a Desiré, preguntaba al cielo que había ocurrido, pero las nubes como Desiré escondían su mirada al verla a los ojos.La amaba por sobre todo, pero no la podía dividir en dos. Siguió su vida en la nostalgia de su sombra escribiendo los versos de amor que hoy los infantes leen, creyendo en lo que él creó, imposible amor roto, descansando en su tumba feliz al lado de su musa Desiré y su traidor yaciendo ellos inertes marchando, en París como cualquier artista, poeta o cualquier amor de rosas saetas sutiles. Francia cuna de artistas, pintores, malditos bohemios, benditas de arte, obras.
Aunque pose a su lado aquel literato ignorado, en su alma desligada siempre recuerda.
Él no la olvida, ni la olvidara ese poeta bendito por sus versos nunca olvida a nadie, siempre recordara lo ilógico de Ivory su desaparición sin razón, su ayuda, el silencio que nadie calló.
El amor prohibido cual de vallejo, simple verso, Desiré. Musa enferma de amor suicida cual bebida de vino, absenta; su sangre los demonios sin alas poseyeron, beber.
No olvidara a su madre que maldijo su nacimiento con gritos casi banales que irrumpieron sus entrañas, sintiendo a sus libros escritos y poemas malditos por nacer.
Chace murió… y su recuerdo presente siempre habita, sus versos, sus emociones, Él. ¿En dónde estará? No lo sé, pero escribe en un gran lienzo, llamado Universo.


viernes, 4 de enero de 2013

Se fue...

Y la miré de lejos y ella me miró a mi también; mi corazón por un efímero momento se detuvo, ella sostenía lo que pronto rompería mi alma; la mano de alguien más...
Traté de fingir una vana ceguedad pero fue imposible que no se notara el dolor que en ese momento me consumía, ella sonrió yo tuve que hacerlo también por una ingrata obligación... se fue así como había llegado...